La fuerte crisis económica deja en segundo plano la lucha contra el cambio climático

Relajando de esta forma el objetivo de las renovables y prescindiendo del de Eficiencia Energética

Se fija una cuota obligatoria de reducción de emisiones de GEI del 40% para 2030, del 27% de renovables para la UE, pero sin metas individuales y prescinde de objetivo de eficiencia energética

FUENTE: ASYPS

AUTOR: Elaboración propia

Madrid, a 24 de enero.- Desde hace una semana ya no podemos hablar del objetivo europeo 20-20-20 (20% reducción de GEI, 20% de eficiencia energética y 20% de producción de energía mediante renovables) la Comisión Europea ha propuesto fijar un nuevo objetivo obligatorio en su política de adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático. Un nuevo objetivo en el que encontramos sombras que luces.

Si bien se aumenta el objetivo de reducción de Gases de Efecto invernadero (GEI) al 40% para el año 2030 (respecto a los niveles de 1990), encontramos claras deficiencia en los objetivos para las energías renovables y la eficiencia energética.

Respecto a las primeras, aun cuando se incrementa a un 27% la cuota obligatoria de renovables, se hace para el conjunto de la UE, sin metas individuales para cada Estados miembros. Este objetivo ofrece vía libre a políticas regresivas en esta materia como las que en la actualidad se están llevando a cabo en España y puede dar lugar a grandes desigualdades entre los países integrantes de la UE.

Mientras Alemania y Francia han firmado una carta con otros seis países (Austria, Bélgica, Dinamarca, Irlanda, Italia y Portugal) en la que piden a la Comisión un nuevo objetivo de renovables para 2030 que incentive las inversiones en el sector, otros países como Reino Unido y España rechazan un objetivo obligatorio para 2030.

Si bien esta medida podríamos calificarla como grave, no es nada si atendemos a la desaparición del objetivo de la UE en cuanto a eficiencia energética aun cuando la Eurocámara había reclamado una cuota obligatoria de ahorro energético del 40.

Estos nuevos objetivos deberán ser refrendados por los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 en la cumbre que celebrarán a finales de marzo.

Con estas medidas la Comisión Europea dice pretender mantener el liderazgo en la lucha contra el cambio climático, pero estos nuevos objetivos climáticos y energéticos para 2030 se antojan insuficientes para garantizar que la economía y el sistema energético de la UE sean más competitivos, seguros y sostenibles.

Mientras que el objetivo vinculante para los estados en cuanto a reducciones de GEI gases de efecto invernadero podemos calificarlo como correcto y en línea con la Hoja de ruta de la UE hacia una economía hipocarbónica, los objetivos globales para energías renovables y la inexistencia de objetivos de eficiencia energética hacen de este paquete de medidas una propuesta con un claro objetivo de marketing internacional más que una apuesta firme hacia el desarrollo de un nuevo modelo productivo enmarcado en la iniciativa emblemática de la UE: “una europa que utilice eficazmente los recursos” como muestra el tibio posicionamiento de la UE respecto el “Fracking” permitiendo que los Estados puedan decidir autorizarlo siempre y cuando garanticen transparencia e información a los ciudadanos y garantías para el medio ambiente mediante un análisis de impacto previo.

 

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